domingo, 6 de mayo de 2007

Talaixà

La primera vez que fui a una excursión a la montaña me pilló ya mayor. En la memoria tenía guardado un recuerdo, una pequeña aldea en el Pirineo, en la Garrotxa. Allí vivía un único habitante, Rodri, un hombre ya mayor, tenía unos setenta años. Aquel hombre tenía un sueño al que había entregado el resto de sus días: Talaixà. Con sus manos le daba forma. Lo abandonó todo para entregarse a él. Dejó su familia y el jaleo de Barcelona por la soledad y el silencio de la montaña, que solo se rompía por las esporádicas visitas de fin de semana de algún que otro excursionista. Allí fuimos a parar un grupo de amigos y nos quedamos durante días. Rodri siempre tenía sus puertas abiertas para el viajero. Después de aquella primera vez hubieron algunas visitas más. Él siempre pedía lo mismo. Si volvéis, traedme algo de provisiones, algo de arroz o harina para hacer pan, en aquella época estaba construyendo un horno. Con el tiempo, el grupo se fue deshaciendo como un castillo de arena en la orilla del mar abatido por las olas. Muchas veces pensé en volver a Talaixà, pero nunca lo hice hasta este fin de semana. Un amigo buscaba un pueblo abandonado, le hablé de Talaixà y acordamos subir. La aldea sigue allí, quien ya no está es Rodri. Ya lo sabía antes de subir. Busqué información y encontré un artículo que publicó elmundo.es. Murió en diciembre del año 2000. Un cáncer pudo con él a los 86 años.

1 comentario:

LlunA dijo...

Ya no está Rodri...pero seguró fue muy feliz en ese paraje y mas feliz ahora sabiendo que hay personas que lo siguen visitando.
Besote