
La
publicidad, según los economistas liberales, responde a la voluntad de
satisfacer las necesidades de las personas dándonos a conocer los bienes y servicios existentes. La cultura del capitalismo, de quien la publicidad es sierva, es una cultura que alaba la independencia de la persona. Trata a la persona como individuo autónomo. Y, sin embargo,
explota la inseguridad de la persona, ofreciéndole el consumismo como solución a sus inseguridades. El egoísmo competitivo es lo que está detrás de los valores de esta cultura capitalista.
Adquirir bienes, estatus, o cualquier otra cosa sobre nuestros semejantes, haciéndonos diferentes y mejores; pero también necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo y ser reconocidos por los demás. Y la publicidad nos
ofrece todo eso. Estimula la demanda con necesidades innecesarias. Nos embarcamos en odiseas consumistas gracias al
“compre hoy y pague mañana” (esto es, en cómodos plazos). Los mismos “cómodos plazos” se han convertido en
negocio. Las mañanas y sobremesas televisivas están plagadas de anuncios de créditos rápidos y sin preguntas, para lo que necesite. Estos anuncios dicen mucho de la sociedad consumista en la que vivimos. Y es que por una vez les voy a tener que dar la razón a los publicistas, ellos no crean necesidades
con la publicidad de créditos rápidos (en cursiva añadido tras leer el comentario de
la rateta), responden con los productos que publicitan a las necesidades de la sociedad. Es evidente, ésta es una sociedad donde el consumo llega a endeudar cada día más a los ciudadanos, y más aún en estas fechas, donde se prevé un
gasto extra de 1.068 Euros por familia. Me van a permitir que no les felicite las fiestas, más bien les daré el pésame.