Aún no ha llegado el verano y la gente ya se pasea en "mangas de camisa", chanclas e, incluso, pantalón corto, y eso que lo peor está aún por llegar. Sin embargo, yo llevo camiseta, camisa de manga larga e, incluso, pantalones de pana. Es lo que yo llamo "la estrategia del abrigo". Mientras los demás, más o menos, disfrutan de una temperatura agradable yo paso cierto calor. Esta padecimiento sirve como entrenamiento adaptativo para cuando suban las temperaturas.
Observemos que sucede normalmente a las personas según se aproxima el verano y el calor: con las primeras subidas de temperatura (primeras semanas de junio), las personas ya van con manga corta y ropas ligeras, de manera que el cuerpo se adapta a la nueva temperatura fácilmente. Cuando la temperatura vuelve a aumentar (finales de julio) la sensación de calor es terrible, ya que no se puede compensar el aumento de la temperatura con una disminución de ropa.
Veamos que sucede con quien adopta la estrategia del abrigo: en el primer incremento de temperatura se expone a una mayor temperatura que el resto de la gente al ir más abrigado. Lo que he llamado periodo adaptativo. Este padecimiento, al ser voluntario, psicológicamente es menos duro que el padecimiento que sufren las demás personas con las temperaturas más duras del verano. Cuando llegan estas temperaturas, a quien adopta la estrategia del abrigo aún le queda la posibilidad de compensar el incremento de temperatura con una disminución del abrigo, de modo que la variación de temperatura no le supone tanto sofoco. Por un lado porque su cuerpo está mejor preparado gracias al periodo adaptativo; por otro lado, está mejor preparado psicológicamente; y además, la variación de temperatura que sufre (y que tiene bastante que ver con la sensación de calor) es menor, ya que el incremento es menos brusco.


Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Georges Remi, más conocido por Hergé, el dibujante de Tintín. Con sus aventuras crecimos muchos de nosotros. Particularmente recuerdo con mucho cariño el primer comic que me regalaron (o al menos, del cual tengo conciencia) de Tintín, fue La estrella misteriosa. Esa primera aventura que cayó en mis manos me cautivó. Después fui leyendo una tras otra sus restantes aventuras, siempre en un orden caótico, sin respetar su orden de publicación. Los leía en una pequeña biblioteca de barrio, y el criterio de elección se basaba en lo que me llamaba la atención de su portada. Creo que va siendo hora de una segunda lectura, esta vez respetando el orden de publicación.
... y girándola se lee también manuela



